sábado, 11 de marzo de 2017

Bitxarracu (2017)




 Un año más se ha celebrado en Barcelona, coincidiendo con la Cuaresma (del 9 al 26 de marzo), la Ruta del Bacallà, en la que en esta ocasión, una docena de restaurantes (bastantes menos que otros años) ofrecían un menú basado en ese pescado salado, en un abanico de precios entre los 22 y los 32 €, y con una botella de cerveza Inedit incluida, que para eso patrocinaban el evento. Paralelamente, había otros 18 locales que hacían una especie de ruta de tapas de bacalao, en la que por 6€ ofrecían un platillo y una Inedit de 33 cl.
 Un grupo de 5 amigos, y tras la buena experiencia de hacía un par de años (ver aquí), decidimos volver a probar en el Bitxarracu de la calle Valencia y para ello que reservamos el primer sábado en que se pudo.
 Una cosa que no me gusta demasiado es que en las primeras ediciones casi todos los restaurantes ofertaban una especie de menú degustación y desde hace un año o dos se ha ido derivando hacía un menú más clásico de primero, segundo y postre, con sólo un par de opciones de cada.
 Como primero yo elegí la xatonada Bitxarracu, en una completa y muy buena versión de este clásico de la cocina catalana, y en una ración bastante grande. A destacar también que ya venía con el aliño integrado y no como suele ser habitual en las presentaciones actuales, con un pegote de salsa en todo lo alto. 

 La otra opción era la coca de focaccia de aceite con tartar de tomate y aguacate, bacalao marinado y caviar de trucha. No estaba mal pero me gustó más la xatonada.

 Mi elección como plato principal fueron los raviolis wonton rellenos de meloso de ternera eco y foie con su jugo, muy sabroso y muy bien acompañado por el puré de patata que había en la base.

 La otra posibilidad era la pata de pulpo de Sant Carles de la Ràpita con patatas enmascaradas y mojo rojo canario, que contrariamente a lo que esperábamos no picaba. En todo caso una buena versión del pulpo con patatas gallego de toda la vida, y de nuevo especial mención para el puré de patatas "enriquecido" que servía de cama al pulpo.

 Como postre se podía optar por la espuma de coco y piña, que no probé por manías mías con las frutas tropicales.

 Y la mayoría tomamos el cremoso de chocolate caliente con aceite, sal y garrapiñados, en un buen postre, muy goloso.

 Además de lo que incluía el menú, porque ya sabíamos de la ocasión anterior que las raciones no son demasiado grandes y también para que nos hiciese de aperitivo, pedimos unas croquetas de ceps y unas patatas Bitxarracu, que son como unas bravas pero como no pican se ahorran el nombre, supongo. Además de la cerveza que incluía el menú pedimos un par de botellas de agua y los cafés del final, con lo que la cuenta subió de los iniciales 22 € hasta unos más que correctos 27 € por persona.


Bitxarracu Gastrobar
http://www.bitxarracu.com/
C/ Valencia 212
08011 Barcelona
93 114 84 44 (obligatorio reservar)
de 13 a 23:30 h (domingos y lunes cerrado)

viernes, 10 de marzo de 2017

Informal (2017)



 Aprovechando una nueva edición de la Restaurant Lover Week en la página de Atrapalo, decidimos darnos un capricho e ir a probar un restaurante de altos vuelos (y ya aviso que con precios en consonancia), asesorado/tutelado por el estrellado Marc Gascons (no aquí, sino en Els Tinars de Llagostera) y situado en el lujoso hotel The Serras del paseo de Colom.  El restaurante está situado en los bajos del hotel ocupando el lateral que da a la calle de la Plata, y está a la altura de la categoría de tan lujoso continente.
 Como es habitual en estos eventos, son menús a precio cerrado de 25 € a los que hay que añadir el IVA y las bebidas, por lo que muy rara vez se baja de los 40 €, pero aun así es una muy buena manera para gente como nosotros, con la cartera no demasiado llena, de conocer sitios de nivel a un precio, sino moderado, al menos controlado.
 En este caso tenían un menú con primero, segundo y postre, con tres posibilidades en cada apartado, por lo que siguiendo nuestra línea habitual de probar cuantos más platos mejor y siendo únicamente dos comensales, sólo nos perdimos un plato de cada una de las opciones.
 Ya la puesta en escena da muestra del nivel del local, con vasos de cristal tallado, cubiertos a medida y hasta un reposa-cubiertos como en los restaurantes japoneses, pero en su estilo propio. Mientras hacíamos nuestra elección y tomaban nota de las bebidas, nos sirvieron un aperitivo, con unos crackers, un pesto casero y una salsa de tomate de lo más sabrosos.

 El primer entrante que probamos fueron las alcachofas al vapor, espinacas, bulgur, apio nabo con vinagreta y trufa negra, una especie de ensalada donde tanto ingrediente no molestaba y se complementaban muy bien. Buen entrante, nos gustó mucho.

 Como mi pareja no es muy amiga de la carne roja nos saltamos la coca de roast beef aliñada con rúcula, kale, parmesano y aceite de trufa y nos decantamos en su lugar por los canelones de pollo de payés, Jabugo, bechamel suave de trufa y setas, en otro entrante de gran nivel y aún más gustoso que el anterior, cosas de la bechamel supongo. Ahora al escribir estas líneas veo que había trufa en todos los entrantes, marcando territorio.

 Por el mismo motivo que en el caso anterior nos olvidamos del lomo de ciervo a la brasa, tubérculos, jugo de especies y frutos rojos como plato principal, y empezamos con el arroz seco de salchichas y butifarra negra, que aunque era el plato con el enunciado más sencillo y menos ingredientes de todos los posibles, estuvo muy sabroso y también nos gustó mucho. Como se ve en la foto era de los de microcapa, con poco más de un grano de  grosor y los bordes tostaditos, aunque sin llegar al "socarrat", con unas viandas de campeonato.

 Y si hasta ahora todo nos había gustado mucho o muchísimo, la cosa aun mejoró con el plato de la noche, esta merluza de pincho a la vasca con aceite de ajos, guindilla, patata y pimientos del Piquillo, en un conjunto bañado con un adictivo aceitillo picante, que nos hizo solicitar que rellenasen la panera (por cierto, con unos panes estupendos, blanco, de olivas y con frutos secos). Tremenda no, ¡¡¡tremendaza!!!

 Como primer postre tomamos el flan de queso fresco, naranja amarga y, aunque venía anunciado con granizado de limón, nos llegó a la mesa con uno de algún fruto rojo (frambuesa diría). A  mi me gusta mucho este tipo de combinación y lo suelo pedir, pero en este caso la naranja amarga le aporta un toque impresionante.

 Por último pedimos el cremoso de chocolate con aceite de oliva virgen y flor de sal, en una revisión de la clásica merienda de la mayoría de los niños de hace décadas. Buenos los dos más que puntos de mousse de chocolate, mejores los trozos de bizcocho/galleta y la tierra de chocolate negra, pero sencillamente excelsa la bola de helado, estupendamente salpicada de sal. Fantástico final.

 Para acabar nuestros habituales cafés con hielo, a los que acompañaban unos bombones que la verdad es que palidecían delante del postre anterior.

 Nuestra mesa estaba enfrente de la cocina, con estas vistas.

 Para beber nos tomamos una copa de un verdejo llamado Menade, que ya habíamos probado, y otra de un albariño llamado Do Ferreiro, además de un par de botellas de agua. Cuando uno va a estos sitios ya sabe que el truco va a estar en el precio de las bebidas y más cuando ojeas la carta de vinos (que se puede consultar con precios en su web), pero me parece exagerado que cobren 3€ por una botella de agua de 33 cl y 3'50€ por un café, y calificaría como sangrante que la copa de Menade cueste 6€, y la botella 21€, cuando en una rápida por internet encuentras la botella sobre los 7€ ( y a ellos aún les saldrá más barata). Por completar la info: la copa de Do Ferreiro a 8€, la botella a 34€ y en internet sale por unos 13€. No por más que previsible menos denunciable, sobre todo los excesos con los vinos a copas.
 Como ya vimos el percal nos contuvimos en el tema del bebercio y al final la cuenta se quedó en unos asumibles 41€ por persona, gracias básicamente al competitivo precio del menú. No sabría decir si las raciones son completas y las mismas que si se piden a la carta, pero consultándola ahora en su web, las alcachofas están a 13'50€ (8€ la media ración), los canelones a 17'50€ (10'50€ la media), el arroz a 17'50€ y el pescado a 28'50€.
 De todas formas resaltar que disfrutamos de una cena impresionante, con unos platazos estupendos, todos ellos sin excepción, y con un servicio exquisito y muy amable. Si no fuera por el precio nos verían mucho más por allí, pero por ahora y hasta que no nos toque la primitiva tendremos que esperar a otra ocasión como esta.


Informal (Hotel The Serras)
c/ la Plata 4 (Pg de Colom 9)
08002 Barcelona 
931 69 18 69
de 13 a 16 h y de 19:30 a 23:30 h

sábado, 11 de febrero de 2017

Aiueno (2017)


 De nuevo teníamos mono de japonés e intentamos, como de costumbre infructuosamente, reservar en Can Kenji, pero entonces recordé haber leído en algún sitio que habían abierto otro restaurante justo enfrente, y como allí sí que conseguimos reservar con éxito, hacia él que nos fuimos.
 La puesta en escena es similar al de su hermano mayor, con utillaje muy sencillo y nada lujoso, y la sala creo que es la más extraña que he visto nunca en un restaurante. A la entrada hay una pequeña zona con taburetes y una barra pegada a la pared, luego está la mesa que hace de recepción y unos escalones que bajan a la pieza principal. En ella, a la derecha hay una mesa triangular (¿?) para unas diez personas, y a la izquierda está la barra baja con capacidad para otras ocho o diez personas. Al fondo se ve la cocina, donde ofician dos o tres cocineros.

  Pasemos a lo que nos importa y nos ocupa, que es qué se come aquí. Empezamos con unas sardinas en escabeche, en concreto cinco especímenes de buen tamaño en un suave escabeche, como suelen serlo los japoneses. Nos gustó.

 Seguimos con los canelones falsos de crujiente de ceps. Se trataba de unos canutillos de pasta filo o de hojaldre, con un relleno de setas muy sabroso.

 Continuamos con la ensalada de tataki de atún, con el atún muy poco hecho y bastante crudito por dentro, como nos gusta.

 Entre todas las opciones que tienen de sushi, vimos a los comensales de al lado comer este surtido de sushi superior (7 piezas), y nos entró por los ojos: De izquierda a derecha: niguiris de toro, salmonete, calamar, gamba roja, gunkan de erizo de mar, uramaki de setas guisadas y niguiri de anguila. A destacar el de toro (¡cómo no!) y el de anguila; buenos pero más "normales" el de calamar y el de gamba. También me gustó y me sorprendió el de salmonete, que diría que no había probado antes. No destaco el de erizo porque no es un producto al que le tenga especial aprecio, pero también era de categoría. Tal vez el más flojo el maki de setas, al que no le supe ver la gracia.

 Sin duda el plato que más recordaré de esta cena serán los shumai de langostino, cerdo y vieira al vapor. Los shumai (o shaomai) son un típico entrante chino, perteneciente al grupo de los dim sum como los jiaozi (las gyozas japonesas). Suelen ser unos saquitos de pasta rellenos de verduras y carne o pescado, pero en este caso que nos ocupa el envoltorio era una especie de nido hecho con fideos. Nos encantaron, tanto la pasta de fuera como el relleno de langostinos y carne picada, con un trozo de vieira magnífico para coronarlos. Para repetir en cuanto volvamos.

 Como aún nos quedaba un hueco y no nos van demasiado los postres japoneses, decidimos pedir unos niguiris más para dar por finiquitada la cena. Los elegidos fueron uno de toro, dos de caballa y otro de gamba roja. ¡Gran manera de terminar!

 Para beber tomamos un par de cervezas y un agua lo que nos llevó a una cuenta final que ascendió a unos redondos 27 euros por cabeza. No me parece caro si tenemos en cuenta que casi la mitad del total se nos fue en sushi (más de 22€), que siempre hace subir bastante la factura, y por tanto se podía haber aligerado si hubiésemos pedido más platos "de cocina", pero es lo que tiene ir de caprichos. Por otro lado también es cierto que no bebimos vino ni tomamos café, por lo que la cuenta puede elevarse si se opta por ellos.
 En resumen se trata de otro muy buen restaurante de la familia del Can Kenji, tal vez algo más puro, más japonés, con menos guiños a la cultura y a la cocina locales. Otro sitio que añadir a la lista de habituales, que a este paso ya no pueden serlo, habituales digo, de lo larga que es.


AIUEnO
http://aiueno.com/
c/ Rosselló 296
08037 Barcelona
Tlf 933283711 (mejor reservar)
de lunes a sábado de 13 a 15:30 h y de 20 a 23:30 h

sábado, 19 de noviembre de 2016

Asador de Burgos (2016)



 De vez en cuando vamos a La Muscleria a satisfacer el ansía de algunos amigos por saciarse de ese tipo de molusco, y más de una vez nos habíamos fijado en este cercano restaurante castellano, con reminiscencias del más conocido Asador de Aranda, pero nunca nos había dado por entrar. Aprovechando un lavado de cara que le han dado al local y en uno de esos días en los que no sabes dónde ir, reservamos y allá que nos fuimos.
 Empezamos por una muy buena morcilla, de arroz por supuesto, que según nuestro experto del grupo, las otras no son morcillas. Muy rica.

 Seguimos con una cazuelita de judías, del tamaño poco más que de una tapa, pero de un sabroso y estupendo guiso, poco menos que canónico. Vamos que unas judías como las de las abuelas.

 Seguimos con un plato de picadillo, que es la carne del chorizo pero sin embutir. No nos convenció y no creo que lo volviésemos a pedir.

 Para terminar con los entrantes pedimos una croqueta de rape y gambas por cabeza (que se ven en la parte superior de la foto), y un revoltillo de setas con de lo más resultón.
 Como resumen decir que los entrantes no son muy grandes, pero también es verdad que son baratos, porque el más caro fueron las croquetas que costaron 6'35€ (a 1'27 la pieza), seguidas de cerca por la morcilla a 6€, y en líneas generales estuvieron bastante bien, destacando la morcilla y las judías.
 Ahora veo que los precios de la cuenta son sin IVA, por lo que actualizo precios. Así, las croquetas cuestan 1'40€ cada una, y por tanto el plato nos salió a 7€, y la morcilla nos costó 6'60€. También compruebo ahora que el "entrante" más caro fue el pan, por el que pagamos 8€.

 Mi pareja no es muy amiga de la carne roja (que es justamente lo que se viene a comer aquí), pero desde que vio en la carta esta ensalada tibia de codornices con vinagreta de miel y mostaza, tenía claro lo que iba a pedir de segundo. La pude probar y estaba deliciosa.

 Los otros cuatro comensales compartimos dos platos, cada uno de ellos pensado para dos personas. El primero fue este chuletón de ternera a la piedra, de buen tamaño y que en combinación con el siguiente plato nos costó de acabar.

 Y no podía faltar un plato del horno, que para algo hemos venido a un asador castellano. El elegido fue el cuarto de lechazo asado (y por tanto descartamos el cochinillo), con carne de buena calidad y muy bien hecha.

 De los postres no tengo fotos pero mis compañeros de mesa aún tuvieron saque para ello, y pidieron unas trufas, una crema catalana, un músico con moscatel y un café irlandés que hizo de puente hacia un café con hielo y tres carajillos variados.
 Tomamos un par de botellas de un Ribera del Duero llamado Cepa Gavilán que no estuvo nada mal, una copa de vino blanco y diría que alguna que otra botella de agua, aunque no la veo reflejada en la cuenta. Al final fueron casi 40€ por persona que no considero demasiado para lo bien y mucho que comimos y bebimos, en una cuenta de coste mucho más controlable si se obvian los platos de horno y se optan por platos a la brasa, de precios bastante más bajos.
 Nos gustó mucho a todos por lo que supongo que volveremos, y espero que no tardemos demasiado. 


--------------------------------------------------------------------------------------------
Actualización:

 En una segunda visita probamos una cazuelita de estupendos callos con garbanzos (4'50€), un delicado morro de cochinillo (5'75€), aunque en la foto ya sólo se ve el último trozo, y repetimos de la fantástica morcilla y de la ensalada de codornices.

 También pedimos unos huevos estrellados con jamón correctos (5'50€), unas mollejas (8'50€) y unas chuletillas de cordero (16'95€).
--------------------------------------------------------------------------------------------
Asador de Burgos
c/ Bruc 120
08009 Barcelona
93 207 31 60
Todos los días 12:00h-16:00h y de miércoles a sábado 19:30h-23:00h

sábado, 9 de julio de 2016

Can Kenji (2016)


 De nuevo volvimos a Can Kenji, y como lo hacemos tan de tanto en tanto, y nos gusta tanto, pues cada vez que conseguimos reservar (que no es fácil), me llevo la cámara, hago las fotos y escribo una nueva entrada en el blog, 
 La carta es bastante inmóvil pero la gente ya sabe a lo que viene y diría que ya le está bien a todo el mundo, dado lo lleno que está siempre. Suelen tener una página con las sugerencias del día de la que no hay foto.

 La mesa ya dispuesta para empezar, sencilla pero suficiente.

 La verdad es que como nuestras visitas son tan espaciadas en el tiempo, y que además somos de gustos fijos (será la edad), casi siempre acabamos pidiendo más o menos lo mismo. Uno de los platos que acostumbra a caer es la tempura kakiage de setas y verduras. Muy rica.

 Otro habitual es la ensalada de tartar de jurel con vinagreta de miso blanco, triunfo seguro.

 Esta vez vimos estas brochetas de langostinos, espárragos y queso Idiazábal, nada japonesas y que no recordábamos de visitas anteriores y las pedimos a ver qué tal. ¡Acierto total! Nos gustaron muchísimo y diría que se va a convertir en otro fijo en nuestras comandas aquí.

 Hablando de clásicos, la caballa marinada en salsa de soja y mirin a la plancha tampoco suele faltar en nuestras cenas en este local.

 Y el clásico de los clásicos para nosotros en Can Kenji son los fideos udon salteados con sepia y almejas, y su adictivo caldo. Creo que vamos a empezar a tener problemas con tanto fijo inamovible en la alineación, y al final tendremos que descartar alguno de nuestros favoritos, como por ejemplo, en esta ocasión le sucedió al onigiri de risotto.

 No solemos pedir postres pero esta vez nos hizo gracia el pan cake de chocolate, que estuvo rico.

 Para beber tomamos una botella de vino blanco que cumplió sin más.

 Además de todo eso pedimos agua, un café y un té japonés (diría que era genmaicha), y al final la cuenta ascendió hasta los 28€ por cabeza, más que razonables dado lo bien que cenamos y lo mucho que disfrutamos una vez más en este fantástico restaurante japonés, con toque muy personal.


Can Kenji
http://www.cankenji.com/
C/ Rosselló, 325
08037 Barcelona
934 76 18 23 (obligatorio reservar, excepto en la barra que no es posible)
Lunes-Domingo 13:00-15:30 y 20:30-23:00