sábado, 12 de mayo de 2018

Koy Shunka (2018)



 Tras una larga temporada con el blog en dique seco, sin publicar nada aunque con unos cuantos borradores a medio hacer que intentaré que vayan viendo la luz lo antes posible, retomo la actividad para dar cuenta de nuestra visita a uno de los mejores restaurantes de nuestra ciudad, y personalmente en el que mejor he comido y más he disfrutado, el Koy Shunka. Se dice que es el mejor restaurante japonés de la ciudad, y la estrella Michelin de la que disfruta es una prueba de ello, pero creo que es mucho más que un restaurante japonés.
 Tras varios años sin visitarlo, nos valimos de un regalo navideño que se hizo esperar para volver a disfrutar de una cena en su entretenida y solicitada barra, donde sólo se puede optar por uno de los dos menú degustación de los que disponen, pero que es lo que yo recomendaría, sobre todo si es la primera vez que se acude.
 Nosotros nos quedamos con el menú corto, al que llaman "Degustación KOY" y que se compone de aperitivo, 7 entregas (más una opcional) y postre por 89€ (que suben a 108€ si añade el plato de ternera Wagyu opcional), y el menú largo llamado "G(ASTRO)" que se va hasta los 132€ con un par de entregas más que incluyen productos de alto standing como el caviar y la anguila, y el upgrade del sashimi/sushi a la degustación de atún Balfegó.

 Al sentarnos en los sitios reservados para nosotros en la barra baja el utillaje es mínimo, pero luego hay un despliegue de menaje, sobre todo de vajilla, espectacular.

 El primer aperitivo fue un crujiente de arroz con puntos de mayonesa, shisho y pelos o bigotes de gamba crujientes, como un canapé con juego de sabores y texturas. Bien sin más.

 Seguimos con la anchoa marinada y cortada en trocitos, cada uno de ellos coronado con una rica crema de limón y alguna cosa más que no recuerdo.


 Y para cerrar el capítulo de aperitivos nos sirvieron el caldo dashi con espuma de alga kombu, sabroso y que supo a poco, ya que en lugar de la taza de café en la que la presentan la hubiéramos preferido en un formato mayor.

 La primera entrega del menú fueron estas cocochas, servidas en dos versiones. La de la izquierda estaba cocinada a baja temperatura y sumergida en una crema de la que sólo recuerdo que llevaba mantequilla y que estaba sublime; la de la derecha estaba soasada y servida sobre una lámina de alga también soasada de sabor fuerte y peculiar, algo que ya nos había advertido el cocinero que nos servía y nos explicaba cada uno de los platos, y que nos dijo que podíamos comérnosla o utilizarla únicamente como soporte, que es lo que finalmente hicimos. Muy buenas las cocochas pero lo que más me gustó fue la crema.

 El siguiente plato del menú vino en dos entregas, la primera era esta especie de ravioli donde la pasta era el calamar y el relleno eran unas huevas de pescado llamadas mentaiko.

 La segunda entrega fue este tartar de calamar aderezado con una salsa a base de mandarina. Me gustó más esta segunda entrega.

 El siguiente plato era el bogavante con espárragos, y como en el caso anterior, nos lo sirvieron en dos versiones. Primero llegó la crema de espárragos con tropezones de sus yemas y pinza de bogavante. Los puntos negros era una reducción de caldo de bogavante muy concentrado, que le daban un buen empujón al plato. Muy bueno.

 Pero mejor eran los tallarines de espárragos en caldo de bogavante, con unas tiras crocantes de la verdura nadando en un sabrosísimo caldo del crustáceo, para tomarlo a cubos.

 El siguiente plato era básicamente producto sin mucha elaboración, pero ¡vaya producto! Eran unos deliciosos y menudos guisantes apenas salteados acompañados por una espardeña. Estupendo plato.

 Después de unos platos bastante poco japoneses, estos fideos Nyumen nos recordaron que seguíamos estando en un restaurante, aunque diferente, japonés. Venían servidos con carne de cerdo, espardeña y hasta un trozo de naruto, esa pasta de pescado prensada con su característico dibujo en espiral que se ha popularizado con la fiebre por el ramen que vivimos. Muy curioso el utensilio que nos trajeron para comerlo, una especie de cuchara/tenedor que servía tanto para sorber el caldo como para pescar los fideos y demás ingredientes sólidos. Bien pero mucho más terrenal que el resto de platos.

 Tal vez por el bajón que supuso el plato anterior o simplemente porque estaba realmente delicioso, este plato que en la foto parece tan poca cosa fue el mejor de la cena. Nos lo presentaron como un mar y montaña, en el que una quenelle de estupendo tartar de gamba servía de base a un minimuslito de pollo asado de campeonato, y bañados ambos por un suculento caldo de ceps. ¡Brutal!

 La segunda entrega de este plato volvía a ser productazo a palo seco. Una fabulosa gamba pasada un par de minutos por el horno, apenas cocinada y poco más que entibiada, pero no hacía falta más.

 Como último plato de la parte salada nos llegó el surtido de sushi y de sashimi, en el que el placer de degustarlo se veía empañado por la triste sensación que la velada llegaba a su fin. De izquierda a derecha, los niguiris de anguila, ventresca de atún (toro) soasada y caballa, el gunkan de tartar de toro, y los sashimis de toro, caracol de mar, atún y salmón. Lo de la ventresca de atún de esta casa es de campeonato en cualquiera de sus versiones y el niguiri de anguila es incomparable, literalmente, con el servido en el resto de restaurantes, al menos en los que yo lo haya probado. El resto, aunque buenos, mucho más "normales", más de este mundo.

 El primer postre era un té matcha preparado al momento delante del comensal, en una comprimida ceremonia del té, a la que acompañaban una especie de petit fours. Un té demasiado amargo para nuestro paladar que no conseguían domar del todo los dulces.

 Y como colofón final el postre a base de texturas de chocolate con sorbetes de pera y de frambuesas. Excelente fin de fiesta en el mejor postre que he comido en este restaurante, aunque la competición no era demasiado disputada.


 La cuenta la presentan en una cazuela en un juego visual simpático, aunque no sé si necesario.
 

 La cuenta subió a poco más de 103€ por cabeza, con los menús a 89€, un par de aguas, una cerveza japonesa Asahi y tres copas de vino blanco, una de un xarel·lo del Penedés llamado Aloers y dos de un albariño de las Rias Baixas llamado Pai, y en el que por el precio de cada copa se puede comprar media botella. Un aspecto que creo que deberían vigilar un poco más, aunque diría que es un caso perdido, ya que la carta de vinos tiene los precios bastante subidos, y como suele ser habitual, ese es un mal que se agrava en el caso de los vinos a copas.

 Evidentemente es un sitio caro, pero que creo que lo vale, y sobre todo si se aprecia el excelente producto que llega al plato, la ingente cantidad de cocineros que lo miman, y el no menos excepcional personal de servicio que atiende a los comensales. Hacía 5 años que no veníamos y lo que nos ha sorprendido es que se ha pasado de un personal casi exclusivamente japonés a uno mayoritariamente español, no sé si es que es por adaptarse más al tipo de cliente habitual o por algún otro motivo que se me escapa, en cualquier caso siguen siendo un ejemplo de amabilidad y profesionalidad.


Koy Shunka
http://www.koyshunka.com
Copons 7
08002 Barcelona
934 127 939  (reserva obligatoria y con tiempo para ir a la barra)
Cierran las noches de los domingos y los lunes

sábado, 3 de marzo de 2018

La Jacaranda (2018)


 

 Sigo recuperando posts del injusto olvido a los que los he sometido durante meses y en este caso le toca a este bonito restaurante de la zona alta (muy alta) de la ciudad al que acudimos en una desapacible noche del pasado mes de marzo con la excusa de que formaban parte de la promoción del Barcelona Restaurant Lover Week que organizaba una web de reservas.
 Aunque esta iniciativa no es lo que era en un principio, y ahora suele tener lugar dos o tres veces al año, o incluso más si tenemos en cuenta que tanto Atrápalo como El Tenedor organizan eventos similares, a nosotros nos viene muy bien para descubrir y visitar locales que de otra forma seguramente no llegaríamos a conocer, ya que están alejados de nuestra zona de confort, bien sea geográfica o económicamente hablando, y en este caso particular que nos ocupa, de las dos formas.
 El Dos Torres es un restaurante situado en la esquina de la Vía Augusta con la calle Vergós, por encima de Mitre, en una espléndida finca modernista rodeada de un magnífico jardín en el que supongo que es una gozada comer con buen tiempo. En la planta baja han habilitado el espacio para hacerlo más informal y es lo que han dado por llamar La Jacaranda, más encarado al tapeo, reservando la planta superior para el restaurante más serio y elegante.
 Nos gustó el menú que ofrecían, tipo degustación, con 8 entregas saladas más un postre por los ya clásicos 25€ por persona, así que reservamos y allí que nos fuimos.

 Tras una breve espera nos ubicaron en una pequeña mesa para dos que casi fue insuficiente para albergar la serie de platos que nos trajeron, ya que nos sirvieron varios entrantes de golpe. Como hace meses desde nuestra visita únicamente mostraré los platos y no los valoraré.

 Croquetas de meloso de ternera.

 Sashimi de salmón con queso fresco y miel trufada.

 Mejillones con toque thai y coco.

 Bikini de jamón de bellota, mozzarella y trufa.

 Muestra de cómo quedó nuestra mesa con la llegada de varios platos al mismo tiempo,

 Huevo a baja temperatura sobre trinxat.

 Ensalada de rúcula, mango y langostinos con vinagreta de miso.

 Canelón meloso de ibérico y setas.

 Merluza crujiente con 5 pimientas.

 De postre nos sirvieron este surtido de pasteles, en el que el de la derecha era un brownie clásico con nueces, pero los otros dos no recuerdo de que eran.

 La cuenta con los dos menús, dos copas de vino, un agua y los cafés subió a poco más de 32€ por cabeza. La verdad es que todo estuvo bueno, o correcto cuando menos, y bien presentado, y el servicio fue diligente aunque tal vez algo fríos, pero tal vez sea lo que se estila y espera por la zona.

La Jacaranda / Dos Torres
http://www.lajacaranda.es/
Via Augusta 300
08017 Barcelona
93 206 64 80
cerrado los domingos por la noche

viernes, 20 de octubre de 2017

Coure (2017)




 De nuevo estábamos de celebración y decidimos volver a este restaurante del pasaje Marimón donde tan bien lo habíamos pasado es ocasiones anteriores, y para ello reservamos en su barra, que casa más con nuestro carácter, aunque también es verdad que la planta inferior solo la he pisado para ir al lavabo, pero me da la impresión de ser demasiado seria para nosotros. Como esta también es una reseña recuperada del baúl de los trastos olvidados, hace demasiado tiempo de nuestra visita para recordar con detalle los platos, pero la verdad es que todo lo que he comido en esta casa me ha gustado, de bastante para arriba.
 Mientras leíamos la carta nos trajeron unos bastones de pan para entretener la espera, y empezamos nuestra interacción con nuestras camareras, Sara y Marcia, que nos atendieron de fábula toda la velada. Da gusto tener un servicio tan agradable y da mucha pena que sea algo a destacar, en lugar de que sea algo habitual, pero ya se sabe cómo está el sector en nuestra ciudad.

 Como nuestro interés por el vino es poco más que superficial, nos aprovechamos que en esta casa suelen tener una buena variedad de vinos a copas y pedimos un par de vino blanco, y nos trajeron una de un verdejo llamado Cucú y otra de un ribeiro, Ramón do Casar, que cumplieron su cometido de manera excelente. Otra cosa es que nos cobraran cada copa a 5€ y las botellas salgan en internet por unos 9€ la primera y sobre los 11€ la segunda, pero esto es una batalla perdida.

 Empezamos con la caballa escabechada, lentejas en ensalada y hojas silvestres, en un buen entrante, en el que unos puntos de mostaza reforzaban el escabeche, algo que agradecimos como amantes de los sabores avinagrados, pero que entiendo que puede ser excesivo para los que no lo sean.

 Otro entrante que mezclaba verduras con pescado eran los puerros tiernos, bonito marinado, tofu de mostaza y nuez de macadamia. También nos gustó mucho.

 Fuera de carta y como plato del día nos ofrecieron estos magníficos ceps con butifarra del perol, en otro gran plato de buen producto sin mucha más historia, pero es que no le hacía falta nada más.


 Seguimos con una cremosa y fabulosa brandada de bacalao, con calabacín, patata y cebolla, muy rica.

 En esos momentos pedimos otra copa de vino, y nos trajeron este blanco sin crianza del Penedés, de xarel·lo matizado con macabeo. La copa nos costó 5,50€ y la botella está en internet sobre los 10€.

 Como plato principal y para terminar con la parte salada de la cena volvimos a echar mano de los platos del día y pedimos el cogote de merluza a la donostiarra, y nos encontramos con esta enorme pieza de pescado que nos costó terminar, preparada a la manera tradicional, con un refrito de ajos y guindillas. ¡Tremendo!

 Aunque estábamos bastante llenos aún nos quedó sitio para la torrija con helado de toffee y crumble.

 Al final la cuenta subió a algo más de 56€ por cabeza, lo que evidentemente no se puede calificar de barato, pero dado lo bien que comimos y lo magníficamente que fuimos atendidos tampoco puedo decir que me parezca caro. Además pedimos bastante comida e incluimos dos platos de las recomendaciones del día, que suelen ser algo más caras que los platos de la carta, aunque también es verdad que merecen la pena. Dada la factura final no es un sitio al que podamos acudir con la frecuencia que nos gustaría, pero sin duda es uno de nuestros restaurantes favoritos y siempre salimos más que satisfechos de él.

 Dejo foto de la carta de ese momento, más que nada para que quien no lo conozca tenga idea del tipo de cocina que practican y del rango de precios en el que se mueven, ya que como la van cambiando con regularidad lo más seguro es que ya no se parezca demasiado.

Coure
http://www.restaurantcoure.es/
(web extraña con muy poca información pero con vídeos de algunas de sus recetas)
Passatge Marimon 20
08006 Barcelona
932 007 532 (obligatorio reservar, sobre todo en la barra)
de Martes a Sábados de 13 a 16 h y de 20 a 0:30 h

sábado, 9 de septiembre de 2017

La Estrella (2017)


 Sigo recuperando reseñas antiguas, a medio escribir desde hace meses, y en esta ocasión le toca el turno a este pequeño y casi escondido restaurante, situado al lado de la estación de Francia y que es uno de nuestros favoritos, aunque no lo visitamos tanto como debiéramos, y que ahora compruebo con sorpresa que no lo tengo publicado en el blog. Supongo que en parte es porque lo tenemos bastante a mano y siempre lo dejamos para "otro día" y ese día tarda en llegar, y por otra parte creo que le perjudica ser un restaurante "normal", por lo que se queda para cuando no tenemos antojo de japonés, o de mexicano, o de vaya usted a saber lo que nos apetece en ese momento.
 Diría que esta fue la primera vez que íbamos después de la merecida y necesaria renovación estética que le han dado al local, más en la línea de decoración nórdica que se ha puesto de moda. Otra moda moderna que han adoptado es la de servir agua filtrada, ¡y cobrarla!, que ya no sé qué es peor, si esto o que los restaurantes sólo tengan botellines pequeños de agua y los cobren a precio de oro.
 Como ya conocíamos la casa, le hicimos un caso relativo a la carta, ya que ya sabíamos que al poco vendría el propietario a cantar a pie de mesa los platos del día, siempre muy apetecibles y en amplia variedad de propuestas, tal que hace que cuando acabe la retahíla ya le estés pidiendo que te recuerde de nuevo los primeros que ha cantado. No se indican los precios, pero salvo raras excepciones con productos muy top, están en el mismo rango de precios que los de la carta por lo que tampoco te llevas sorpresas desagradables a la hora de pagar.

 Como aperitivo nos sirvieron estos canapés de queso fresco con champiñones, frescos y sabrosos, aunque eso sí, nada glamurosos.

 Para seguir, pero ya a petición nuestra llegaron las croquetas de ceps, con una textura cremosa y de magnífico sabor, aunque como personalmente soy un entusiasta de las setas, tengo que reconocer que mi criterio está bastante sesgado.

 Aunque pedimos dos primeros y dos segundos, ya avisamos que era todo para compartir y nos fueron trayendo los platos de uno en uno. Empezamos con la ensalada de alcachofas, jamón de pato y foie que nos gustó mucho, pero es que si los ingredientes son de calidad como es el caso de esta casa, es bastante fácil acertar.

 Siguiendo con mi particular obsesión con las setas pedimos el revuelto de bacalao y trompetas de la muerte, como una tortilla de bacalao enriquecida por las setas. No recuerdo de que era el crujiente ni si le aportaba al plato algo más allá del aspecto visual.

 El primer plato principal que llegó fue la merluza rellena de vieiras y envuelta con papada ibérica, muy, muy rica, en una elaboración ya clásica de la casa, aunque su especialidad son los bacalaos y siempre hay unos cuantos para elegir.

 El otro plato principal que tomamos fue el atún a la plancha con sal ahumada y tomate confitado, con un gran producto pero en una preparación más sencilla.

 Donde suelen dar rienda suelta a la creatividad en esta casa, es en el apartado dulce, con cosas muy sorprendentes. En esta ocasión no arriesgamos demasiado y tomamos un único postre a compartir, que fue el helado de queso de cabra, una variante curiosa y que nos gustó bastante.

 Para beber tomamos un par de copas de vino blanco y una de tinto, ambos de la casa, y la botella de agua ya mencionada, y terminamos con nuestros habituales cafés con hielo. Sé que cuidan el tema del vino y tienen una carta inusual pero atractiva, pero ya se ve que nosotros no le hacemos demasiado aprecio, en gran medida por falta de paladar.
 La cuenta al final nos quedó por unos 47€ por persona, que no nos pareció caro dado lo bien que comimos, sobre todo gracias al excelente producto con el que trabajan, y la exquisita atención de la que fuimos objeto. Diría que siempre que he ido ha estado el mismo personal, lo que da señal que se trata de un restaurante familiar con la implicación e interés que ello conlleva, por lo que lo seguiremos teniendo en cuenta para esas ocasiones en las que queremos celebrar algo, dándonos un capricho disfrutando de su estupenda cocina de mercado


La Estrella
http://www.rst-laestrella.com/
c/ Ocata 6
08003 Barcelona
933 102 768 (mejor reservar)
De Martes a Sábado de 13:30 a 16 h y de 20:45 a 23:30 h